Exige fichas técnicas, busca Declaraciones Ambientales de Producto y comprueba certificaciones como FSC, PEFC, Cradle to Cradle o GREENGUARD Gold. Compara garantías y procedencia, evalúa si el proveedor ofrece repuestos y desmontaje sencillo, y detecta señales de greenwashing. Verifica que la jerarquía de materiales priorice reutilización, reciclaje posconsumo y baja toxicidad. Una decisión informada reduce sorpresas y asegura que cada euro invertido multiplique beneficios, tanto en tu hogar como en el entorno que compartimos.
Opta por materiales con baja energía incorporada y alto contenido reciclado. La madera certificada local, el bambú bien gestionado, el acero reciclado o los tableros de fibras recuperadas suelen superar alternativas convencionales. Considera espesores justos, diseños modulares y piezas que admitan reparación. Pregunta por producción con energías renovables y residuos de fábrica. Un cambio tan simple como sustituir una encimera de material virgen por una con agregado reciclado puede reducir significativamente emisiones sin sacrificar estética ni resistencia cotidiana.
Prioriza acabados de bajas emisiones para proteger a quienes habitan la vivienda, especialmente niños y personas sensibles. Pinturas minerales, selladores base agua y adhesivos de bajo contenido de COV mejoran la calidad del aire. Evita PVC cuando sea posible y elige opciones libres de ftalatos. Ventila durante la instalación y cura los materiales siguiendo instrucciones del fabricante. Invertir en un ambiente sano no solo se siente mejor; también reduce costos médicos y mejora el bienestar, el descanso y la concentración diaria.
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