Con solo treinta centímetros de fondo puedes lograr banco, almacenaje y espejo. Usa zapateros abatibles, colgadores detrás de la puerta y luz puntual. Una familia colocó una repisa imantada para llaves y reparó llegadas caóticas; ahora cada cosa aterriza en su sitio y el pasillo fluye sin tropiezos ni montones improvisados.
Un tablón plegable atornillado a la baranda crea escritorio instantáneo; una alfombra exterior y plantas trepadoras suavizan ruido y miradas. Asegura drenajes y peso. Una seguidora convirtió 1,2 metros de balcón en rincón para escribir al amanecer, con regleta estanca y silla apilable que desaparece cuando llegan amigos los fines de semana.
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